Amparito Morocho, una mujer del agro que puso el ojo en el mercado global

21 August 2008 by Carlos Jumbo G. Escriba su opinión »

El cebiche de palmito fue la única forma que encontró Amparito Morocho para comercializar su producto en el mercado de La Ofelia, en Quito. Un día, a finales de los noventa, esta ingeniera agrónoma, nacida en Celica, provincia de Loja, no vendió todo el palmito que llevó.

Para no volver a su casa con el producto, lo obsequió a sus vecinos.Al siguiente día, ellos le devolvieron el palmito visiblemente molestos. “¡Como nos viene a regalar comida para caballos!”, le dijeron, además de algunos improperios.

Esos tiempos quedaron atrás. Actualmente Morocho tiene una plantación de 50 hectáreas de palmito. Su propiedad está en las afueras de Puerto Quito, a 140 km al noroccidente de Quito.

Morocho se graduó en 1994 en la Facultad de Agronomía en la Universidad Central del Ecuador, en Quito. Su primer trabajo, luego de terminar sus estudios, fue en una floricultora. Por sus actividades profesionales, Morocho y su esposo Jorge Flores -quien también es agrónomo- viajaron a Puerto Quito y una de sus primeras impresiones fue que la zona era apta para el cultivo de palmito.

Luego, Flores viajó Costa Rica, en donde observó que el palmito se comercializa como hortaliza. Este detalle empujó a la pareja a decidirse por invertir en la producción de este vegetal. Morocho reconoce a su esposo como el visionario en el cultivo de palmito en Puerto Quito.

Para concretar el sueño de cultivar palmito en Ecuador, el primer paso fue la compra de una finca en ese sector, en 1996. Por esta propiedad pagaron alrededor de 35 millones de sucres (unos USD 11 000, al cambio de la época), obtenidos con los ahorros de los dos.

En ese tiempo, el palmito cultivado se sacaba a lomo de mula por un tramo de 2 km hasta la carretera que une Puerto Quito con el resto del país. La cosecha empezó hace 14 años. Pero entonces “nadie quería comprar palmito -recuerda Morocho- porque no había una cultura de consumo de este producto en el país”.

Sin embargo, esta microempresaria recuerda que la red de supermercados Santa María, Mi Comisariato y Corporación Financiera Nacional, entre otros, dieron a los Morocho-Flores la oportunidad de vender al mercado nacional. Al mismo tiempo, entregaban la mayor parte de la producción a las empresas exportadoras.

Morocho tiene el reconocimiento de sus clientes. Uno de ellos es Napoleón Gallardo, jefe de Compras de Santa María. “Su mayor virtud es el nivel de compromiso con nuestra cadena. A esto se añade que nos ofrece productos de alta calidad”.

Pero quien conoce más de cerca a Morocho es su hermana mayor, Nidia. Ella la califica de generosa y trabajadora. “Quizás su mayor defecto es que demora en olvidar algún desaire en su contra”.

Nidia reconoce en Amparito un toque de vanidad, pues, pese al paso de los años, ella conserva su figura, aunque una de sus debilidades es la buena mesa.
La forma como Morocho conserva el buen estado físico es trotando todos los días al amanecer, siempre en compañía de uno de sus hijos. Es madre de cuatro: Víctor Hugo, de 21 años; David, de 13; Andrea, de 10, y Josué de 9.

Morocho es la séptima entre 11 hermanos. Su madre, Blanca Aguirre, se encargó de la educación de todos sus hijos. Para conseguirlo, toda la familia se trasladó desde Loja hasta Quito.

En la capital, Morocho terminó sus estudios universitarios de Ingeniería Agrónoma, en la Universidad Central. Elsiguiente paso fue emplearse en una floricultora. Luego vinieron el matrimonio y los hijos.

Pero ella no quería convertirse en ama de casa. Entonces, busco una alternativa que le permitiera trabajar y compartir su tiempo y espacio con su familia. La finca para cultivar palmito fue la solución.

Pese al empuje que le dio a la siembra de palmito, Morocho no contaba con las crisis en las que cayó la comercialización internacional de este producto. Estas estaban relacionadas con los problemas de la economía nacional de Argentina de 1998 y del 2003. A ese país se exportaba el 25% de la producción de palmito ecuatoriano.

Las crisis pasaron y las exportaciones de palmito despegaron de nuevo a partir del 2005. En ese año, Costa Rica -uno de los principales competidores- salió del mercado por una plaga que afectó a sus cultivos.

Actualmente, Amparito Morocho exporta el 98% de su producción anual a Francia, Alemania, EE.UU. e Israel. En el 2007 vendió 224 000 tallos de palmito a las plantas procesadoras y exportadoras. El crecimiento del mercado le permitió adquirir dos pequeñas propiedades.

Morocho comenta que la suya es una actividad muy rentable. El flujo de dinero es semanal, porque el palmito se cosecha cada siete días. Para producir un tallo de se invierten USD 0,20 y se lo vende a USD 0, 40. Es decir, se gana el 100%.

Otra actividad en la que incursionaron Morocho y su familia es la comercialización de semillas de palmito en plantas. “Solo en este año tenemos medio millón de plantas listas para sembrarse”, dice.

Estas se venden entre los productores de la región. Uno de ellos es Ulbio Castillo, un legendario agricultor de Puerto Quito, quien reconoce que Morocho y su esposo impulsaron el cultivo de este vegetal.

Otro de los finqueros antiguos de la región es Nicolás Montalbán. Este campesino siempre recibe a Morocho en su casa. “En este sitio, ya se siembran las primeras plantas de palmito -explica Montalbán- y esta actividad ha sido desde hace años empujada por Morocho y su cónyuge”.

Una vez consolidadas la producción y la comercialización del palmito, Morocho puso otro negocio en marcha. Se trata de la producción de varios cítricos.
En su propiedad produce ocho jabas (canastas) semanales de noni; igual cantidad de borojó. Cada jaba tiene una capacidad de 120 unidades. Entrega la pulpa a los mismos lugares donde vende el palmito. A estas se suma el arazá, el ají tabasco y el ají de pavo, que están en etapa de sembrío.

“La crisis nos obliga a ser imaginativos. Es en estos momentos cuando buscamos alternativas para las actividades productivas”. Esa es la visión de esta emprendedora.

Visión de negocios

Ingresos. Amparito Morocho dice que cultivar palmito es muy rentable. Los cobros son semanales, pues se cosecha cada siete días.
Inversión.En producir un tallo de palmito Morocho invierte USD 0,20 y lo comercializa a USD 0, 40

Fuente: Revista Líderes

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Una Opinión

  1. TonNet says:

    Linda experiencia. Kudos por los lojanos prósperos.

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