Huairapungo
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Esta palabra proviene de dos vocablos kichwas, los mismos que etimológicamente su traducción correspondería así Huaira = viento; y, Puncu (pungu) = entrada, puerta. Más poética e incorpóreamente se la describe como: “Ventana al viento”.
Con este nombre se denomina a una ramificación de la cordillera occidental de los Andes que perezosamente reposa sobre el territorio de los cantones occidentales de la provincia de Loja, es un lugar privilegiado desde cuyos ápices se pueden observar con magnificencia un alto porcentaje del territorio lojano; parte de la provincia de El Oro; el desierto de Piura y las estribaciones colindantes de la vecina República del Perú; así como, por las noches observar el resplandor luminoso que ofrecen las ciudades de Sullana, Piura, Machala y Guayaquil.
Ubicándome en el lugar mismo y narrándoles las experiencias vividas de las visitas que hemos realizado a esas alturas diré que la excelsitud de la inmensidad del paisaje sumado a la composición sinfónica que ofrece el silbido armónico del viento hace que una fuerza inconcebida nos transporte al término más alto de una gradación retórica, este clímax de dimensiones etéreas desconocidas por la gran mayoría de los seres humanos hace trascender el espíritu hacia un poder superior y con agrado nos dejamos envolver de la sutileza espacial elevándonos y recreándonos de esa grandiosidad, mas como somos mortales corpóreos y nuestro pensamiento se fundamenta en la materia, ingrediente este que hace que esta transmutación llegue lentamente a su fin, más al volver ya no somos los mismos mortales, este viaje dimensional de pasos agigantados en el que subimos a una egregia humana nos hace crecer irradiándonos de acreditado amor, o como diría el amigo y gran maestro lojano Alfredo Jaramillo Andrade. “Nos volvemos entes diferentes centelleados de ternura”
En una falda de esta estribación, bajando unos cuantos kilómetros se encuentra ubicada la ciudad de Celica, hoy sus jóvenes habitantes no realizan paseos a esta cordillera, como lo hacían nuestros ancestros, actitud sana que debería retomarse para así experimentar en carne propia estas vivencias y mantenernos sanos de espíritu y orgullosos de saber que somos hijos de seres superiores, aunque mortales, pero con la suerte de habitar en un pedacito de cielo.
Econ. Oscar Mendoza Granda
Editorial publicada por la Hora-Loja en una fecha anterior




