Viviendo por no ser soberbio
“Nadie que enciende la antorcha la cubre con vasija,
o la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero,
para que los que entran vean la luz.” .
(Lucas 8:16)
“Si pudiera vivir nuevamente mi vida; en la próxima no intentaría ser tan perfecto, me relajaría más; de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Correría más riesgos, haría más viajes; contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares a donde nunca he ido; comería más helados y menos habas; tendría más problemas reales y menos imaginarios (…) Yo era de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas. Si pudiera volver a vivir, comenzaría a andar descalzo a principios de primavera, y seguiría así hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en el carrusel, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante. Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.”
Este es un fragmento de un texto revelador que en sus últimos tiempos escribió el célebre poeta argentino Jorge Luis Borges, y que más allá del valor literario, tales expresiones guardan un testimonio que podría ser el de muchos de nosotros, cuando mantenemos un estilo de vida lleno de afanes y tensiones, cuando permitimos que la gente nos identifique, no como seres positivos, entusiastas o “estrellas”, sino como timoratos, negativos o “cometas”.
Y es que el positivo: sonríe, escucha, comparte y mantiene una actitud de serenidad ante los éxitos y las derrotas.
El negativo en cambio es apagado; se queja del sol porque quema mucho; de la lluvia porque moja demasiado; y del clima templado porque no se define.
Al positivo se le dice: hagamos tal obra, y él nos pregunta ¿Cuándo comenzamos?
Al negativo se le dice lo mismo, y en cambio cuestiona: ¿Y si no da resultado?
El positivo con su chispa, comparte y contagia optimismo en el resto.
El negativo se la pasa temiendo al fracaso, la soledad, la muerte, a todo lo que pueda ocurrir “mañana”. Por eso antes de hacer algo, consulta el horóscopo, las cartas, el tarot. Cuando se le pregunta ¿cómo está? generalmente responde: “Aquí, viviendo, por no ser soberbio, o porque el aire es gratis”.
El negativo es “cometa” porque pasa por la vida fugazmente, sin calentar, sin marcar mayor presencia.
El positivo en cambio es “estrella”, porque permanece; hacer sentir su presencia, es luz, calor, vida. Y por más que pasen los años, quedan sus marcas positivas en el corazón de quienes lo han tratado.
Querido (a) amigo (a): mantengamos el entusiasmo diario, reconociendo que nuestra actitud positiva o negativa, puede arrastrar a otros a imitar lo mismo. Acordémonos que con una u otra actitud, podemos contribuir, sea a armar, o a desarmar el mundo que nos rodea.
Sí, seamos positivos, para de esta manera, decidir que al final del camino, por lo menos los nuestros nos recuerden como una bendición, no como un fastidio; como una estrella, no como un cometa .
Jesús dijo: “Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder”. (Mateo 5:14)
Colaboración: William Brayanes
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Gracias por compartirlo. No a todo les puede gustar, pero a alguien le puede servir, y eso es bastante.