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Compartiendo interculturalidad: Desde el oriente ecuatoriano, los Huaorani o Aucas

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(Del libro: “Mi vida con los Aucas”, de Joaquín Grau)

Tras sobrevolar el poblado auca, la avioneta descendió y tomamos tierra en un accidentado claro de la selva, bajamos. Hombres, mujeres y niños desnudos rodeaban entre expectantes y recelosos el aparato. Pero al ver al piloto (un conocido para ellos) avanzaron riendo, excitados, hacia él y poco después todos éramos manoseados, acariciados, abrazados. Fue el recibimiento más alegre y ruidoso de cuantos he conocido.

Los aucas, que nos vieron tan cubiertos, para comprobar que éramos como ellos, que podían otorgarnos su confianza, lo primero que constataron, tras el caluroso recibimiento, fue si nuestros genitales eran como los suyos. Y pudieron comprobar desde todos los ángulos -¡quién se lo negaba!- que, en efecto, lo eran, centímetro más, centímetro menos.

¿Así que esos ruidosos, alegres y afectuosos tipos eran los aucas? “¿Los terribles aucas?” Y allí estaba yo sin comprender nada. Todo era amabilidad. Pronto comprendí que los aucas, simplemente me estaban dando una lección de sana espontaneidad. Ellos no componen, como nosotros, una sociedad de pornografía, ellos no han reprimido el sentido del tacto; no les basta con ver las cosas y menos, como nosotros, verlas, si es posible, por el ojo de una cerradura; las cosas hay que tocarlas, hay que establecer contacto directo con ellas, sentirlas, crear la más pura e íntima comunión; hay que tocar y una vez descubierto reían, reían como niños que acaban de descubrir un mundo nuevo.

Una de las mujeres, me sonríe acogedora y con la mano recorre suavemente, muy suavemente, mi rostro y espalda. Es una caricia cálida, llena de ternura y afecto, y yo me limito a sonreír, no me atrevo a devolverle la caricia porque no conozco el lenguaje táctil, la mujer se va. Días después comprendería que, simplemente, me estaba dando la bienvenida.

El piloto, por cierto, pronto les ahorró todo ese trabajo de descubrir, con sólo llegar a la choza se quitó la ropa y quedó tan desnudo como los Aucas. Yo tardé días en comprender lo absurdo de llevar ropa en la selva, porque la ropa retiene la humedad ambiente y, aparte de pudrirse rápidamente, se convierte en cultivo permanente de enfermedades.

 

UN POCO MÁS SOBRE LOS HUAORANI

(A manera de resumen, de Wikipedia )

Los huaorani o waorani (también llamados sabela, auishiri, auca y huao) son un pueblo que habita al noroccidente de la amazonía ecuatoriana.Por siglos los huaorani han defendido su territorio ancestral de enemigos indígenas y coloniales, pero actualmente está amenazado por la exploración petrolífera y prácticas ilegales de registro de tierras. Están situados entre el rio Curaray y el Napo, en un área de aproximadamente 30 mil km². La palabra huao significa simplemente ‘humano’, y señala solamente a aquellos con relaciones de parentesco con el hablante. Otras personas del mismo grupo étnico fueron llamados huaomoni, mientras que los forasteros (nosotros) somos designados con el término despectivo cowode ‘caníbal malvado’.

En el último medio siglo contadas etnias se han vuelto dependientes de los colonizadores, pero, cinco comunidades, tagaeri, huiñatare, oñamenane y dos grupos más han rechazado todo el contacto con los no huaorani, y se mueven continuamente en áreas más aisladas, generalmente en dirección de la frontera peruana.

El huaorani tiene un conocimiento elaborado sobre de la vida de las plantas de la selva circundante, extraen por ejemplo el curaré que es una neurotoxina potente, para dardos y cerbatanas usados en la caza y en la guerra.

Para la cosmovisión huaorani no hay distinción entre el físico y los mundos espirituales y los espíritus están presente a través del mundo. Creen que alguna vez el mundo entero era un bosque. La selva es la base esencial de su supervivencia física y cultural. Para ellos, el bosque es la casa, mientras que el mundo exterior es inseguro: El vivir en el bosque ofrece la protección contra la brujería y los ataques de la gente vecina.

La caza provee una parte importante de la dieta de Huaorani, se limitan a cazar monos, aves y pécaris. Nunca cazan venados y tampoco ninguna serpiente ni el jaguar ni otros depredadores carnívoros como el águila; la pesca y el cultivo de la yuca son muy importantes para completar su dieta.

Un muchacho puede casarse con una prima cruzada, hija de una hermana de su padre o un hermano de su madre. Los hombres pueden tener varias esposas.

 

Edición: Econ. Oscar Mendoza Granda Mg. Sc.

Fotografias: Finding Species y personales

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