Independencia de Loja, 18 de noviembre de 1820

“Toda una gesta fecundó tu suelo

en el ayer….hoy una nueva aurora

derrama sus fulgores en tu cielo,

azul como las ninfas del Zamora.

 

Tierra nativa, cofre de belleza,

la defensora de la Patria historia…

para ti, nuestro canto de grandeza

y  los épicos lauros de la gloria!”.

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Mons. Alberto Zambrano P.

 

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“Este día ha proclamado el ilustre pueblo de Cuenca con gran júbilo, la independencia de los déspotas peninsulares….” “Tengo el honor de que se me haya puesto a la cabeza del valiente pueblo, proclamándome Jefe Político y Militar de esta provincia libre….” Me es inevitable presentar a los ojos de vuestra excelencia, el heroico suceso presente, para la consideración general de todos los habitantes de nuestro hermoso hemisferio”. “Bajo estos principios no retarde vuestra señoría, en sacudir el enorme peso que sufre, sostenido por unos pocos españoles, sin patria y sin asilo.”[1]

Ésta es  la misiva que el doctor José María Vásquez de Noboa, Jefe Político y Militar de la provincia libre de Cuenca, envió al señor Pío de Valdivieso, en su condición de Alcalde de Loja.  Misiva en la que, orgullosamente, proclamó a Loja y al mundo que aquel tres de noviembre de 1820 se había sacudido el peso del dominio ibérico e invitaba al anciano Alcalde a hacer lo mismo en la ciudad de Loja.

Para comprender la magnitud del acto libertario de Loja es necesario situar las circunstancias y el escenario político del hecho en mención

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La independencia de los países america­nos del coloniaje español fue un proceso largo, doloroso y heroico, iniciado por los patriotas sacrificados en aras de ese grandioso ideal, hasta el triunfo alcanzado en la brillante epopeya de los ejércitos libertadores, dirigidos en la América  Meridional principalmente por Bolívar y San Martín.

Para probar esta afirmación basta­ría referirse al primer grito de Independencia que dio a nuestra Capital el distintivo inmarcesible de “Luz de América”. Pero la acción visionaria de los patrio­tas fue traicionada por la inconsistencia de algunos dirigentes que devolvieron el poder al presidente de la Real Audiencia, Conde Ruiz de Castilla, quien valiéndose de la soldadesca bárbara traída de Lima, apresó primero y asesinó después a los patricios quiteños.

Diez años después vino la revolución de Guayaquil, en la que los gestores de la libertad, con la cooperación de todo el pueblo, defendieron su gesta libertaria, hasta la llegada de las tropas auxiliares enviadas por Bolívar y San Martín, y que para fortuna nuestra estuvieron bajo el comando de un auténtico patriota, el General Antonio José de Sucre.

“Proclamada la Independencia de Gua­yaquil el 9 de Octubre de 1820, la feliz noticia se difundió rápidamente por todo el territorio de la Presidencia de Quito, y tuvo acogida en la mayoría de las poblaciones de relativa importancia en ese entonces. Principalmente en Cuenca, donde el gran patriota doctor José María Vásquez de Noboa, aprovechando de la ocasión de encontrarse encargado de la Gobernación, en  calidad de Alcalde lº. Constitucional, declaró la indepen­dencia del Azuay, y luego comunicó tan fausta noticia a las provincias y pueblos vecinos, para que siguieran tan positivo ejemplo. Ese glorioso hecho ocurrió el 3 de Noviembre de 1.820, 25 días después de la proclamación de Guayaquil.”[2]

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Uno de los primeros actos del señor Vásquez de Noboa fue dirigirse al Cabil­do Lojano, en nota de fecha 5 de noviembre. Con esta misiva hemos iniciado esta breve alocución, conozcamos qué viene a continuación: El Cabildo, presidido por el Alcalde Pío de Valdivieso, e integrado por elementos adictos a la corona, contestaron negativamente. Por su parte, el doctor Vásquez de Noboa insistió desde Cuenca, con una nueva misiva el 14 de noviembre. Pero mientras las autoridades cruzaban comunicaciones, el pueblo se reunió en San Sebastián e irrumpió en la plaza mayor, proclamando la Independencia de Loja.

Esto ocurrió en la noche del 18 de noviembre de 1820. El movimiento revolucionario popular fue encabezado por Ramón Pinto, José María Peña, José Picoita y Miguel Zambrano. En todo caso el Cabildo maniobró para boicotear el movimiento popular, en sucesivas sesiones, como lo expresa el doctor Pío Jaramillo Alvarado, en el siguiente párrafo: “Como se ve, el Cabildo se dio maña para manejar el asunto hasta anularlo, pues el día 20 de noviembre, después de dos noches de reuniones públicas (de los días 18 y 19) la concu­rrencia fue menor, y tam­bién el entusiasmo de algunos, porque después de la alocución que dirigiera a la concurrencia el Vicario don Miguel Igna­cio Valdivieso, los ánimos decayeron y el acto terminó con la sus­cripción  -no del pueblo, sino de la Noble­za, la Clerecía y las Comunidades Religio­sas- de un pliego en que  aceptaban: “Es­perar lo que  respondan de Cuenca, en orden a la anunciada y bien entendida li­bertad para todos”.

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En definitiva, las dilatorias del Cabildo de Loja dieron resultado, pues el Gobier­no de Cuenca, del doctor Vásquez de Noboa, duró sólo hasta el 20 de di­ciembre del mismo año, en que tuvo lugar el combate de Verdeloma, donde los realistas triunfaron sobre los patriotas cuencanos.

Poco después Loja recibió el oficio del Comandante en Jefe Juan González, quien luego de comunicar su triunfo expresaba: “… tomo la provi­dencia de oficiar a vuestra señoría para que inme­diatamente me conteste sobre sus dispo­siciones, porque en el caso de guardar silencio o manifestarse adherido al siste­ma revolucionario, me será preciso hacer marchar una fuerza competente para reducirles a la razón”. La situación continuó como antes, bajo el yugo de autoridades y sayones coloniales.

Por su parte, el General Antonio José de Sucre, con el contingente de las fuer­zas expedicionarias, inició la campaña que tenía por objetivo final alcanzar la libertad de Quito. Al efecto, en una de sus primeras operaciones de importancia batió a las fuerzas del Coronel González, que habían marchado desde Cuenca para formar una tenaza con las que comandaba Aymerich, a fin de aniquilar al ejército patriota. Animado con este triunfo, Su­cre emprendió la marcha hacia la Sierra, con dirección a Quito. Lamentablemente fue intercep­tado en el fatídico campo de Huachi, donde antes había sido derrota­do Urdaneta. Después de sangrienta batalla fue vencido. Regresó a Guayaquil, dolido por la momentánea derrota, pero con el ánimo de rehacer sus fuerzas para continuar la lucha.

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En tal empeño recibió agradecido la ayuda del General San Martín, con el envío de una divi­sión peruana, que estaba de guarnición en Piura al mando del General Santa Cruz. Con este valioso contingente, Sucre emprendió la campaña desde Loja, puesto que las tropas de Santa Cruz se incorporaron en Saraguro. Así se inició la gran cruzada de la libertad, que después de despejar todo el territorio na­cional de enemigos, rubricó su definitivo triunfo en la gloriosa Batalla del Pichincha, el 24 de Mayo de 1822.

Y fue en esos días de eclosión patriótica nacional, cuando el Ejército de Sucre se concentró en Saraguro, que el Cabildo de Loja en magna asamblea del 17 de Febrero de 1822, el pueblo prometió nunca más depender ni de España, ni de ningún otro que subyugarlos pretenda.

“El 18 de noviembre de 1820 es el día cívico más grande de Loja, la fecha de su Independencia. Fecha en la que sus habitantes se adhirieron al movimiento libertario del país y de América Latina. Con claridad del medio día sobresalieron entre los patriotas más notorios: Don Ramón Pinto, ciudadano quiteño afincado en esta ciudad, Nicolás García, José Espíritu Santo Correa, José Picoita, Toribio Medina, Segundo Cueva, José María Peña, José Gabriel Peña,  Manuel Zambrano, Manuel Sánchez. Ellos son los Próceres de la Independencia de Loja, y es deber de todo buen lojano gravar en su mente sus nombres, si es menester con un cincel al rojo en la Fragua de Vulcano, para jamás olvidar a quienes arriesgaron su vida y su heredad, para darnos esta Patria libre y fecunda, que estamos obligados a guardar y venerar.”[3]



[1] La Hora. 2003. Loja celebra hoy su 183 aniversario de emancipación política. p. A8

[2] Torres Guzmán, E. 1984. Revista del I. Municipio de Loja.  p. 45.

[3] Carrera G., M. Ob. cit. p. 29.

 

Texto: Lic. Manuel Carrera Gallo

Edic. Ec. Oscar Mendoza Granda

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