El cantón Celica, la ciudad celestial de Loja, o la perla del Pucará como se me ocurrió un día llamarle, empieza a vivir una nueva faceta, dentro del ámbito de la libertad y la democracia que para muchos ya resultaba una utopía. Dieciséis años de un gobierno municipal, identificado con los lineamientos de la otrora Democracia Popular, no fueron más que tiempos donde la sociedad celicana se dividió en dos fracciones, unos que pugnaban junto a su líder de mantenerse en el poder, y otros que intentaban derrocarlo.
De allí que las amistades, familias, y la sociedad en su conjunto, sufrió un resquebrajamiento tan marcado, que caló profundamente en las vidas y corazones de los ciudadanos, que hoy parce, comienzan a recobrar el sentido, donde fluye con sobrados méritos de la inteligencia, la oportunidad para entender en su máxima expresión el concepto fundamental de la libertad y la democracia, mancillada por el orgullo y la prepotencia de una dictadura fascista, que se preparaba para llegar al cielo, pero con el mismo peso caería.
Personas ofendidas, periodistas, y medios de comunicación maltratados, amigos del propio alcalde Jaramillo que se separaron y que luego recibieron de gratitud el insulto de ingratos, empleados municipales a los que no se les concedió el permiso anual de vacaciones de ley por algunos años; niños estudiando en unos casos debajo de los arboles, y otros corridos de los murciélagos y refugiados en aulas improvisadas. Vialidad rural en pésimo estado, falta de agua potable, letrinas, canchas deportivas, promesas incumplidas; fueron parte del periodo final de un ex alcalde, que regocijado del orgullo y la vanidad de creerse insustituible, y de considerar incapaces al resto de celicanos, conllevaron al colapso total de una administración, que recibió el rechazo contundente de un pueblo indignado.
Ahora, con un nuevo alcalde, se abren ya los espacios para poder opinar y participar en la vida democrática de nuestro pueblo, donde los niños y los jóvenes empiezan a entender que no pueden violentarse los derechos de pensar que son inútiles, y que se preparan para respaldar a un solo personaje, que por fortuna solo ha quedado en las paginas manchadas de la historia efímera.
Celica vive un ambiente de paz y tranquilidad, y se enmarca en un nuevo espacio de su vida democrática, donde las aspiraciones de muchos comienzan a florecer en un jardín que abre sus puertas, después que el moho político lo estaba corroyendo.
Cuando Oswaldo Román triunfó el 26 de abril, muchos celicanos gritaron; ¡Viva Celica! ¡Viva la libertad! ¡Viva la democracia! Gritos que emergieron de lo más profundo de un corazón herido, y que irrumpieron como viento volcánico en la faz del cielo celestial, donde hoy podemos ver las estrellas con la paz del alma, para entender que Celica es de todos, y que todos debemos tener la oportunidad y el derecho de hacerlo grande, desde aquí, o de cualquier otra parte donde el destino nos haya deparado un lejano aposento.
Desde la perla del Pucará.
Por: Galo Humberto Córdova
galohumbertocordova@yahoo.es

Por: Fra. Javier Calderón.o.cc.ss


















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